MADRID.- ¿Qué ha comido la vaca de la que ha salido el filete que está sobre el plato?
Una pregunta así puede tener sentido en el caso de que se de una alerta alimentaria, lo que ocurre unas 50 veces cada año en España.
Una nueva normativa, vigente desde enero de 2005, obliga a que a través de los códigos de barras se pueda conocer todo el proceso que ha sufrido un producto (modificado genéticamente o no, por ejemplo) desde la materia prima hasta que llega a las manos de los consumidores.
El miedo a sufrir una crisis alimentaria, como la que surgió con la enfermedad de las vacas locas o las dioxinas de los pollos, ha puesto en marcha a los Gobierno y las industrias han tenido que adaptarse a los nuevos procedimientos
El DNI de todos los productos
Es decir, los alimentos debe tener un preciso 'carnet de identidad', el código de barras, un sistema que ya tiene más de 30 años, se especializa.
Con estas medida se pretende proteger al consumidor al dotar a las empresas de la posibilidad de reaccionar de la manera más rápida posible en situaciones de riesgo. Además, en el caso del hallazgo de algún problema, se reconstruye el recorrido de elaboración del producto para que la responsabilidad sea asumida de manera justa.
Según un estudio realizado por IDTrack, la Asociación Europea para la Identificación Segura, la aportación del nuevo concepto de trazabilidad, aplicada a los alimentos, es promover la calidad para el consumidor.
El 90% de los consultados en este estudio afirmaba que será el consumidor el más beneficiado mientras que el 68% asegura que les permitirá el control de stocks mejorando la eficiencia logística.
El siguiente paso de los códigos
Por otra parte, la normativa ha sido un revulsivo para desarrollar el sector de la identificación automática. Esas decenas de barras adyacentes, paralelas y con espacios son como un libro abierto, siempre que se cuente con el lector adecuado, como la usual pistola de láser.
Según la empresa MD Soluciones de Identificación, se ha comprobado que capturar datos con códigos de barras es por lo menos 100 veces más rápido y más exacto que la captura normal por teclado.
Ahora el siguiente paso en la evolución del sistema es la Radio Frecuencia de Identificación (RFID), es decir, leer los códigos a distancia.
Esta tecnología permite, por ejemplo, entrar un concierto con el billete en el bolsillo sin la necesidad de enseñarlo, o salir del supermercado con el carro de la compra lleno y no tener que marcar cada producto uno a uno.
Las personas que acudieron al I Congreso sobre Trazabilidad y RFID experimentaron con este sistema gracias a MD, que instaló unos arcos que recibían al visitante con su nombre tras pasar por los arcos de control.